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Guillermo Altares: "En El País estamos trabajando en un modelo de pago que se implantará en unos meses"

Guillermo Altares (Madrid, 1968) es editorialista en el equipo de Opinión del diario El País. Anteriormente fue redactor jefe de elpais.com y Babelia, el suplemento cultural del periódico. Con más de 30 años de profesión a sus espaldas (20 de ellos en el rotativo dirigido por Soledad Gallego-Díaz), ha tenido que enfrentarse en sus propias carnes al giro radical que supusieron internet y las herramientas digitales en el panorama periodístico. Imparte la conferencia inaugural del Máster en Innovación en Periodismo de la UMH en un momento de cambios en su medio: la incorporación de la primera mujer directora, Soledad Gallego Díaz, la redefinición de algunas secciones y la puesta en marcha de un laboratorio para desarrollar narrativas innovadoras.

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Pregunta: ¿Cómo ha sentado en la redacción el cambio de director? ¿Qué nuevo rumbo está marcando Soledad Gallego Díaz?

Respuesta: Yo creo que ha sentado muy bien. Soledad Gallego Díaz es una periodista de enorme prestigio, a la que tanto la redacción como la profesión en general respeta muchísimo. En cuanto al cambio de rumbo que ha dado al periódico, se puede dividir en dos vías: por un lado, hacer un periodismo todo lo riguroso posible, siguiendo como norma el libro de estilo de El País y tratando de cumplir con lo que en éste se estipula; es decir, un periodismo de comprobación, basado en fuentes y en el que todo lo que se publique haya pasado los controles necesarios. Y, por otro lado, la otra gran dirección que se ha decidido tomar es, sin duda, la vía digital. Me atrevería a decir que no sólo el futuro, sino el propio presente de El País pasa por ser un periódico principalmente digital y global.

P. Han introducido cambios tanto en los contenidos y enfoques como en las herramientas. ¿Qué iniciativas merece la pena destacar?

R. Hemos probado distintas cosas, pero creo que es algo que todavía estamos aprendiendo. El pasado marzo se creó un laboratorio de nuevas narrativas, con la dirección anterior se hicieron los primeros vídeos inmersivos… Mi opinión es que lo más importante es crear un periódico de máxima calidad que se lea en el móvil. Las nuevas generaciones ya no leen periódicos en papel, por lo que la pregunta que nos hacemos constantemente es: “¿Cómo hago un producto atractivo, bueno, de calidad, que la gente pueda leer a gusto en el móvil?”. Y todo ello manteniendo los estándares de calidad que nos han puesto donde estamos. Es la misma situación que cuando entras a un restaurante de estrella Michelin, no puedes encontrarte la misma paella que en un paellador cualquiera. Eso es lo que tenemos que hacer, brindar la calidad que se nos presupone, garantizar que las personas lean noticias verdaderas y ser capaces de rectificar cuando nos equivoquemos.

(Vídeo Guillermo Altares comparando el periódico en papel con el periódico en el móvil)

P. ¿Qué se está haciendo en ese nuevo laboratorio?

R. Es todo nuevo, pero principalmente se experimenta con nuevas formas de contar las cosas. Antes lo formaba únicamente una persona, con lo cual, en un laboratorio unipersonal, poco laboratorio había. No obstante, la nueva dirección se lo ha tomado muy en serio y ahora hay un laboratorio formado por seis o siete personas, las cuales se dedican a explorar muchas vías y muy enfocadas en que el lector se meta en las historias. Por ejemplo, sacaron una especie de juego en el que podías ponerte en la piel de un refugiado que llega a Europa, y así ver las opciones que tiene, lo que le puede pasar según las decisiones que tome, etcétera. La cuestión es hacer nuevas narrativas en un momento en el que se puede inventar prácticamente todo.

“Que no quepa duda de que el papel sigue siendo rentable”

P. ¿Considera que los periódicos impresos han subestimado el potencial de internet? El País ha creado su laboratorio de innovación este año, cuando El Confidencial, por ejemplo, lo tiene desde 2013.

R. Podría decirse que sí, aunque no todos los periódicos impresos, porque The New York Times o The Guardian no han llegado tarde. Diría que es algo más característico de los medios españoles, que hemos tardado más en arrancar en el mundo digital. Aun así, tampoco pasa nada, lo importante es saber tener el modelo de negocio que te sea más rentable. ¿Debe El País renunciar al papel? No es una decisión para nada mía, pero por mi parte diría que no, debido a que sigue siendo una importantísima fuente de ingresos. El problema es que el papel te consume tiempo, personas… porque hay que hacerlo bien. Pero que no quepa duda de que ahora mismo el papel sigue siendo rentable.

P. Hablando de modelos de negocio, ¿se confirma que en El País van a implantar un muro de pago a principios del próximo año?

R. No sabemos si va a ser exactamente un muro de pago, pero lo que sí se puede decir es que se está trabajando en un modelo de pago que se implantará en unos meses. Depende de los responsables de la empresa si se va a hacer o no, pero yo creo que piensan que el futuro de El País pasa por alguna forma de pago. ¿Será un muro de pago, será premium, se cobrará más, se cobrará menos? Es algo que todavía no está claro. Lo que está claro es que la única forma de sobrevivir es cobrando por los productos que ofreces, estrategia que, por otra parte, no es nueva. The New York Times ya lleva ocho años cobrando por su versión digital, y si miramos otros ámbitos como el fútbol o el cine este modelo resulta menos extraño aún. Hace veinte años, si nos llegan a decir que teníamos que pagar por ver la televisión, nos hubiera parecido un disparate; sin embargo, no tenemos ningún problema en pagar plataformas como Netflix o HBO. Con el periodismo tiene que pasar lo mismo.

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Un aspecto de la redacción de El País. Foto: El País.

P. ¿No considera arriesgados algunos de los modelos de pago? ¿Que la gente sienta que les restringen información cuando en otros medios la brindan gratis?

R. Todos los grandes periódicos en todo el mundo cobran por los contenidos. Lo que es una excepción es el modelo español, ya que en Francia los periódicos son de pago, en Estados Unidos también, más de lo mismo en Alemania… Hasta el periódico más importante de Israel es de pago. Es cierto que puedes usar ciertos trucos para colarte en las noticias, pero la realidad es que los precios no son nada abusivos. De hecho, no estoy nada de acuerdo con esa concepción de que se restringe información, porque lo más democrático que hay es que la gente pague por la información —a precios asumibles, obviamente—, porque vas a acceder a una información mucho mejor. Todo esto es un falso dilema, como el del pirateo. Si la gente no pagara por HBO, si todo el mundo pirateara Juego de Tronos, no habría Juego de Tronos. Con los periódicos pasa igual. Si los grandes periódicos quieren seguir siendo grandes periódicos, el mercado de publicidad en internet no es suficiente, se necesitan otras fórmulas de financiación. Y esas fórmulas pasan por el pago.

“Las nuevas técnicas son totalmente impredecibles. Algo que hace tres años podía parecer lo más, ahora puede haberse estancado”

P. ¿Cuál es su visión del periodismo innovador?

R. Creo que, ante todo, el periodismo tiene que ser riguroso. Lo que es muy interesante de la innovación es que las cosas ya no se tienen que hacer como se han hecho toda la vida, que es lo que me han pedido en gran parte de mi carrera periodística. De repente hemos entrado en un momento en el que las cosas se pueden contar de mil formas. Hoy en día puedes encontrarte la misma historia representada de muchas maneras, y creo que eso es el periodismo innovador: el que guarda toda la esencia del periodismo y luego busca otros formatos. Las nuevas generaciones de periodistas pueden reinventar la profesión todas las veces que quieran, porque las nuevas técnicas son totalmente impredecibles. Algo que hace tres años podía parecer lo más, ahora puede haberse estancado.

P. ¿Dónde entran los usuarios en esa “reinvención”? En un artículo publicado el mes pasado, explican que las ‘cartas a la directora’ van a tener “más espacio”. ¿La innovación pasa por darle más protagonismo al lector?

R. No hace falta dársela, ya la tiene. Los usuarios se comunican por los comentarios en la web; se comunican contigo por redes sociales, por Twitter, por Facebook… Entonces, en parte del entorno periodístico, hay un diálogo con los lectores que antes no existía y que es importantísimo. Se dio el caso del New York Times, que suprimió hace poco la figura del defensor del lector. Ellos, con el argumento de que esa figura estaba obsoleta, lo sustituyeron por un equipo que estuviera en contacto con los lectores. A mí me parece un error, porque considero importante que los lectores tengan una figura clara a la que dirigirse, además de que los periodistas tengamos a esa persona detrás, totalmente independiente de la dirección, que nos pueda decir todo lo que hacemos mal.

P. Usted lleva muchos años escribiendo reportajes, uno de los estilos más antiguos del periodismo. ¿En qué medida cree que se puede innovar en este ámbito?

R. Se puede ser muy innovador si se quiere. Sólo te los tienes que plantear de otra forma, debido a que el clásico reportaje de texto ya no vale. En cambio, tienes que hacer fotogalerías, vídeos, gráficos; hasta vídeos en 360º, si puedes. Aun así, insisto en que la esencia no cambia: tienes que ir a muchos sitios, hablar con mucha gente y verificar los datos. La diferencia es que ahora tienes que tener en la mente la forma de empaquetarlo todo en los nuevos dispositivos.

P. ¿Cree que las buenas historias corren el riesgo de desaparecer en el periodismo digital, que los lectores prefieren un periodismo más inmediato, rápido y breve, frente a los contenidos más reposados y profundos?

R. De ninguna manera. De hecho, en El País tenemos dos pantallas que miden el tráfico, una que mide el número de usuarios y otra que mide el tiempo de lectura. Muchas veces las noticias coinciden, es decir, que la noticia más vista es en la que más tiempo han estado los usuarios. Ahí ves que si ofreces un producto de calidad, que engancha, la gente aguanta en la página el tiempo que haga falta. De hecho, el New Yorker y el National Geographic, caracterizados por sus historias densas, venden más que nunca.

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P. ¿Cómo fue su propio proceso de adaptación del papel a internet?

R. No lo recuerdo especialmente traumático, seguramente por mi formación de agencia. En aquel entonces ya estaba acostumbrado a la presión y a la inmediatez. Lo que cambia es que ahí tú sabías qué noticia tenías que tener a las ocho de la noche, cosa que ya no es así. Por ejemplo, cuando me tocó cubrir los atentados de París de 2015, tuve que estar pendiente de plataformas que antes ni existían, como las redes sociales. Es fundamental pensar todo el rato en un lector acostumbrado a los mensaje visuales, y poco a poco te vas acostumbrando. La clave es estar adaptado al gran cambio de ritmo que se puede dar en cualquier momento en tu diario, además de que es mucho más fácil ser ágil en un medio exclusivamente digital que en uno que tiene papel también. Nosotros no podemos suprimir la sección de cultura de la noche a la mañana porque estemos todos cubriendo la abdicación del Rey Juan Carlos, tenemos un estándar que mantener.

P. ¿Qué aptitudes y cualidades le pediría a un reportero recién llegado a la redacción?

R. Que sea curioso, que tenga ideas; que no espere a que yo le proponga un reportaje, sino que él ya me proponga diez a mí; que domine o al menos tenga ganas de manejar las nuevas tecnologías, y que sea riguroso. Sin duda, lo más importante es lo último, que no le dé igual ocho que ochenta. Es una mezcla de todo eso.

P. ¿Y a quien quiera dedicarse al periodismo cultural?

R. Que sea culto, que lea, que vaya al teatro, al cine. De hecho, en lo anterior también, indiferentemente de a qué se dedique. Simplemente tiene que adaptarse al ámbito que cubra. Si hace vídeos, que vea vídeos hasta la saciedad, y si es fotógrafo, que tenga un conocimiento absoluto del mundo visual y de la tradición audiovisual que le rodea. Es un oficio de formación continua, no vale con decir “me planto”. Siempre hay que invertir tiempo en este tipo de prácticas, porque, en general, los perfiles de periodista han cambiado mucho menos de lo que pensamos. La diferencia es que ahora los periodistas jóvenes cuentan con la ventaja, en buena parte, de haberse criado con lo que ahora se está utilizando.