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Pere Rusiñol (Mongolia y Alternativas Económicas): "La innovación más grande pasa por la propiedad; que los trabajadores dejemos de ser meros redactores para convertirnos en los dueños de la empresa"

Pere Rusiñol es socio y redactor de la revista Alternativas Económicas y responsable de la sección Reality News en Mongolia. Anteriormente, trabajó en El País y en Público, donde comprendió que los pilares que sustentaban el Periodismo necesitaban una reforma urgente. Así nace su participación en medios que han querido probar un modelo de negocio distinto, desligado de los grandes anunciantes y de los bancos; un modelo que, según Rusiñol, “sólo va a ir a más”.

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Pregunta. Desde su experiencia y perspectiva, ¿qué visión tiene de la crisis de los medios de comunicación? ¿Hay luz al final del túnel?

Respuesta. Yo creo que para los medios de comunicación tradicionales es muy difícil encontrar dicha luz, sobre todo en España. Esto se debe a que la estructura de propiedad cambió de manera irreversible con la crisis, y más en concreto si nos fijamos en los bancos. La banca siempre ha sido un elemento importante por el poder que tiene a la hora de condicionar; es decir, dar créditos e invertir en publicidad. Y en el caso de España, los bancos han pasado a ser propietarios de la mayoría de medios, hecho que deja un margen muy pequeño para el periodismo independiente (por muy buenos periodistas que haya en dichos medios).

No obstante, creo que en los últimos años hemos encontrado algunas buenas noticias, una de las cuales afecta directamente a los medios tradicionales: que por fin se hayan dado cuenta de que no pueden regalar la información de manera permanente y sin ningún ingreso de los lectores. Parece que el modelo del New York Times está empezando a consolidarse, y esto sin duda trae esperanzas. Por otro lado, otro ejemplo de mejora es el nacimiento de nuevos medios que yo considero realmente independientes, debido a que son propiedad de los trabajadores. Puede que estén todavía a años luz de la influencia que tienen las grandes cabeceras, pero alguno que otro ya está empezando incluso a marcar la agenda informativa, como es el caso de eldiario.es. Junto con éste, ha surgido toda una constelación de medios independientes, entre los que incluyo a Mongolia y Alternativas Económicas, que cada año están mejor y que muestran que se puede hacer un periodismo con humildad y sin depender de ningún patrocinador o banco.

P. Los medios que destaca se fundamentan más en suscripciones que en publicidad, pero ¿es rentable ese modelo?

R. Con los años que llevan estos medios funcionando, yo creo que podemos decir que el modelo, por lo menos, tiene sentido. eldiario.es ya está facturando 7 millones de euros al año, obteniendo beneficios todos los años y aumentando progresivamente su plantilla de periodistas. A pequeña escala, también hay que decir que Mongolia, tras seis años de funcionamiento, sigue en pie. Cierto es que tuvimos una mala fase, pero más por problemas de gestión nuestros que por el modelo en sí. Ahora bien, llevamos dos años mejorando nuestros números y acabamos de batir nuestro récord de suscriptores (más de 3000). Con Alternativas Económicas el proceso ha sido más lento, pero cabe decir que este ha sido el primer año sin pérdidas. Vale que los sueldos son modestos, pero sólo con ver el ejemplo de eldiario se puede sacar la conclusión de que es un modelo con sentido económico, y estoy convencido de que sólo va a ir a más con el paso del tiempo.

“Jamás aceptaremos que un gran anunciante, por bueno que sea, suponga un porcentaje importante de nuestros ingresos”

P. En dicho modelo, la publicidad parece pasar a un segundo plano. ¿Dónde ponen el límite? ¿Tienen vetada alguna compañía?

R. En Mongolia y Alternativas Económicas, a diferencia de otras cooperativas que son muy restrictivas, no tenemos un límite en función de quién es el anunciante. Básicamente, tenemos dos restricciones: la primera es que ningún gran anunciante puede suponer un porcentaje importante de nuestros ingresos. Aunque sea “bueno” -entendiendo la palabra “bueno” como la percepción que tienen nuestros lectores de dicha empresa-, no podemos dejar que se anuncie si supone el 10 o el 15 por ciento de nuestros ingresos. La segunda restricción tiene que ver con nuestra línea editorial, debido a que nunca aceptaríamos una compañía cuyos anuncios van en contra de nuestras creencias. No tenemos ningún problema en publicitar un banco como marca -y de hecho hemos publicado publicidad de bancos-, pero jamás publicaremos un anuncio que contradiga nuestra línea editorial. Por ejemplo, que dicho banco quiera poner un anuncio que diga algo como: “Las pensiones públicas son una ruina, hazte un plan privado con nosotros”. Jamás publicaríamos eso, más que nada porque creemos que no es cierto.

P. En sus revistas, ¿con qué obtienen más beneficios, con las suscripciones en papel o las suscripciones en internet?

R. Nuestro modelo, tanto en Mongolia como en Alternativas Económicas, está construido alrededor del papel. Es cierto que está en crisis, pero no por las razones que se suele decir. El papel no está en crisis por el hecho de ser papel, por su formato, sino por el problema que supone distribuir las revistas. Los kioskos han cerrado de forma masiva, hecho que ha provocado que sea bastante más difícil comprar la revista. Es un modelo quebrado en ese sentido; sin embargo, si optas por un modelo donde lo que prime sea la suscripción y no la compra en físico del producto, yo creo que el papel -sobre todo en revistas de nicho, con un periodismo pausado, mensual y analítico- tiene todo el sentido del mundo. Un artículo de 100.000 caracteres tiene más sentido leerlo reposadamente en papel que en la web, sin menospreciar la gente que lo hace en la web, claro está. The Economist es un buen ejemplo de ello, ya que han conseguido tener más suscriptores que nunca en el papel.

En nuestro caso se hace más difícil saberlo con exactitud, porque en nuestras revistas ofrecemos una suscripción combinada, es decir, que la gente puede elegir si suscribirse sólo al papel, sólo a la web o las dos cosas. La cuestión es que siempre ha habido una tradición de pagar por el papel; tradición que en el caso de la web todavía no se ha materializado. De este modo, hasta que no esté claro que la gente va a pagar por los contenidos que consume en internet, nosotros seguiremos girando alrededor del papel. Y lo cierto es que, desde un punto de vista económico, la suscripción en papel es mucho mejor, debido a que el suscriptor te adelanta el dinero de un año. Con eso te ahorras pedir muchos créditos.

P. Entonces, para usted, ¿la innovación pasa más por el contenido que por el formato?

R. Para mí la innovación principal es la propiedad. Yo diría que es revolucionario que los periodistas seamos los que tienen la propiedad del medio. Esa es la innovación más grande, que los trabajadores pasemos de ser meros redactores a ser los dueños de la empresa. Eso luego te permite hacer un producto independiente y con una mirada distinta, definida por ti. A partir de ahí, ya se puede innovar en otras muchas cosas, incluso en el papel. En Mongolia hemos hecho cosas que a mí me parecen alucinantes desde el punto de vista de la innovación; por ejemplo, cuando parecía que Catalunya podía independizarse, rajamos la parte de la revista equivalente a la comunidad, lo cual funcionó bastante bien. Y no sólo eso, a veces empezamos la revista por atrás y alguna vez hemos hecho una portada doble, de este modo, el lector tiene dos revistas con dos portadas distintas, y así se puede quedar con la que más le guste.

Al final, es una cuestión de ingenio, y hay mucho margen para la innovación en papel. El problema es asociar la innovación puramente a la tecnología y no fijarse en las cuestiones fundamentales, como los contenidos, la propiedad y la originalidad. ¿De qué te sirve ser un diario digital si estás haciendo exactamente lo mismo que hacen en el resto de periódicos? Yo diría que eso es muy poco innovador.

“En Alternativas Económicas da igual que hayas puesto 1.000 que 100.000, si eres un trabajador, tienes el mismo voto que otro trabajador”

P. Todos sus colaboradores son socios y a la vez trabajadores de la empresa. ¿Cómo funciona eso exactamente?

R. Esto varía según la revista. En el caso de Mongolia, la fórmula jurídica empleada es la de Sociedad Limitada. Entonces, es una sociedad mercantil, convencional, donde se pueden comprar y vender participaciones, así como generar dividendos si la cosas va bien. Básicamente, lo que hacemos es que los trabajadores, en su inicio, pasen una temporada de 6 meses en la cual no perciben un salario. Pero esto no significa que no cobren, lo hacen, sólo que en acciones. Así garantizamos que tengan la mayoría de la empresa (actualmente, alrededor del 70% de la empresa es de los trabajadores y de los socios colaboradores, mientras que el 30% restante pertenece a aquellos inversores que quisieron poner dinero en la revista).

En el caso de Alternativas Económicas, consideramos que la mejor forma de blindar económicamente la revista era a través de una cooperativa, más que nada porque restringe la compra y venta de acciones. De este modo, si alguien quisiera comprarla, salvo que trabaje allí, no podría. En nuestra revista el capital no manda, manda el trabajo; da igual que hayas puesto 1.000 que 100.000, si eres trabajador, vas a tener el mismo voto que otro trabajador. Aquí el capital lo conseguimos gracias a la figura del socio-colaborador, que viene a ser un inversor, pero que no manda. En nuestro empresa hay un total de 70 socios-colaboradores, que han aportado unos 4.000 euros. Muchos de ellos son periodistas, por lo que, además de aportar dinero, escriben en la revista. Pero lo importante es que es un sistema igualitario, no como en las empresas convencionales, que manda el que más dinero pone.

P. ¿Y cree que es posible extrapolar este sistema a otras cabeceras de mayor alcance? ¿Se puede ser una sociedad colaborativa y a la vez un medio de masas?

R. La realidad es que existen ejemplos de eso. Hay un periódico en Grecia que vende 20.000 ejemplares diarios y funciona muy bien. También existe en Alemania un periódico, llamado taz, que tiene cuarenta años de vida y que es un periódico con todas las de la ley aun siendo una cooperativa. No obstante, soy escéptico en cuanto al querer empezar siendo un periódico grande y a la vez una cooperativa. Cuando Público cerró, hubo compañeros míos que quisieron seguir con el medio a modo de cooperativa, pero a mí siempre me pareció imposible en la medida en que un periódico así exige muchos capitales que no se pueden conseguir tan rápido con el modelo de cooperativa. Es como querer empezar la casa por el tejado.

Yo soy partidario de que, si vas a montar una cooperativa, tienes que empezar pequeño, humilde, y ya ir creciendo poco a poco hasta alcanzar una dimensión que te permita ser relevante. Las herramientas de la cooperativa no te dan fuerzas si requieres de mucho dinero, porque no puedes permitirte el lujo de hacer una ampliación de capital. No obstante, insisto en que el eldiario.es es un ejemplo. No es una cooperativa, pero podría haberlo sido perfectamente: empezó con 12 trabajadores, al año siguiente fueron 25, luego 40; y, en la medida en la que han ido creciendo, han ido facturando más y labrándose un nombre.

P. ¿Cree que la solución a los problemas que pueden tener sus medios pasa por hacer alianzas? Tanto Mongolia como Alternativas Económicas tienen acuerdos con eldiario.es para rebajar precios de suscripción y obtener ofertas, por ejemplo.

R. Yo diría que en el sistema actual hay mucho margen para las sinergias, desde intercambios de publicidad y suscripciones en bloque hasta intercambios de contenido. Mucha gente nos ha preguntado: “¿Por qué no os unís en un solo diario?”. Y eso es precisamente lo que considero peligroso. Hay mucho margen para hacer cosas juntos en la medida en que somos medios especializados, de ahí que una mezcla de eldiario.es, que es más político, con Alternativas Económicas parezca tener sentido. Pero lo importante es que sea una complementariedad que se haga por separado, ya que esto te permite no hacer disparates, como montar un diario sin tener todo bien trabajado. No es absurdo pensar que en largo plazo parezcamos un solo periódico, pero considero que cada uno tiene que ganarse el pan desde su propia trinchera.

P. La verdad es que llama la atención la cantidad de sinergias que está habiendo. Incluso compañías como Vocento y Prisa han decidido unirse para tratar temas como el de la publicidad.

R. Cierto es, pero en su caso es básicamente porque ambas compañías estaban arruinadas. Que no me parece mal que se unan para ganar músculo, pero el caso de Prisa por ejemplo es muy llamativo. A ellos, cuando las cosas les salen mal, les da por hacer ampliaciones de capital. De alguna manera, en la última consiguieron convencer al Banco Santander para que les diera dinero, y consiguieron recaudar más de 500 millones de euros que les permiten volver a probar cosas. La cuestión es que en nuestro caso eso es mucho más difícil, porque no vamos a conseguir 500 millones y encima seguir mandando nosotros. En ese sentido, tenemos que llevar mucho más cuidado, porque si nos equivocamos o somos demasiado ambiciosos, acabaremos cerrando.

“Nos parecía muy importante crear un medio que pudiera explicar la economía de forma sencilla, pero la realidad es que esto último no siempre lo conseguimos””

P. ¿Cree que el ciudadano medio comprende bien estas cuestiones de economía? Porque ese es uno de los objetivos principales de Alternativas Económicas.

R. Ese es sin duda uno de los motivos que nos mueve, y lo cierto es que no estamos seguros de haberlo conseguido. Nosotros consideramos que la economía es lo más importante que hay, porque afecta a la vida cotidiana de todos los ciudadanos sin que éstos sean conscientes de ello. La mayoría de la gente pasa las páginas de economía porque no las entiende, pero, en cambio, todo el mundo sabe si llega a fin de mes o no, si va a cobrar su pensión o cuánto hay que pagar para que sus hijos estudien en la universidad.

En esta línea, nosotros creemos que una explicación sencilla de la economía es algo querido entre la población, y más teniendo en cuenta que el mundo de la economía en general parece ir dirigido a las élites. Las personas se dejan guiar por los expertos, pero lo cierto es que estos expertos tienen intereses, y no siempre van a brindar la información más útil. Por ello, nos parecía muy importante crear un medio que pudiera explicar todo lo que ocurre en este mundo, pero la realidad es que no lo conseguimos siempre.

P. ¿Tienen algún tipo de feedback? ¿Pueden los lectores informarles de cuándo no entienden algo?

R. Cada año hacemos una encuesta y siempre nos valoran positivamente. No obstante, nosotros creemos que no lo estamos haciendo suficientemente bien. Es muy difícil explicar todo de manera sencilla y a la vez mantener el rigor. Además, la gran mayoría hemos mamado del periodismo tradicional, por lo que muchas veces tenemos el vicio de creer que algo está clarísimo, cuando en realidad no es así. No tenemos mucho feedback negativo en ese sentido, pero somos muy autocríticos y nos parece que todavía tenemos mucho que hacer para no asustar a la gente con los temas económicos.

P. ¿Y qué opina sobre el emprendimiento en los medios de comunicación? ¿Es posible desarrollar nuevos medios, o el mercado ya está saturado y emprender es cada vez más complicado?

R. Yo creo que sigue habiendo muchos nichos, pero no hay que esperar a que los poderes públicos te inciten a ello. Al final, emprender es algo muy individual y somos la cultura que somos. Para bien y para mal, no somos Estados Unidos, así que emprender tiene que salir de ti, como nos ocurrió a varios con la crisis. Cuando cerró Público, tuve la posibilidad de trabajar en otros medios, pero me di cuenta de que no podía seguir haciendo lo que yo quería, que es un periodismo independiente. Y para ello he tenido que aprender a hacer cosas que jamás hubiera imaginado, como planes de negocio, análisis DAFO o búsqueda de accionistas.

Al final, los medios tradicionales han ido perdiendo la posibilidad de hacer cosas con la crisis, pero también han surgido proyectos temáticos y nichos que brindan grandes oportunidades para aquel que tenga ese punto de locura de querer cumplir sus sueños, siendo siempre consciente de que es muy complicado y de que hay que hacer bien las cosas.