La transformación del periodismo en la era post-COVID-19

“Ya nada volverá a ser como antes”. Tras este mantra que recorre las conferencias y los encuentros profesionales en los últimos meses, surge la oportunidad para repensar cómo deben afrontar los medios su transformación a causa de la COVID-19. La crisis del Coronavirus y sus efectos económicos están acelerando cambios originados desde hace años hacia innovadoras formas de producción, distribución y consumo de información, y a nuevos modelos de negocio que diversifiquen los ingresos de las empresas periodísticas. Es demasiado pronto todavía para dilucidar las profundas implicaciones que la pandemia tendrá en la industria y en qué medida esta disrupción va a alterar radicalmente el panorama actual. Sin embargo, cabe señalar algunas tendencias en esta nueva etapa.

Servir a la audiencia vs. servirse de la audiencia

La pandemia ha puesto de relieve el valor de la información creíble y de calidad. Los medios han logrado incrementos muy notables en sus cifras de audiencia, en usuarios únicos y en conversiones en suscriptores o socios, como apunta el director del Máster, Miguel Carvajal. Según estos datos, en España los medios con algún tipo de suscripción o membresía habrían superado los 350.000 usuarios de pago en septiembre de 2020. Sin embargo, esta tendencia no resulta fácil de consolidar. Las redacciones que han apostado por escuchar a los lectores están obteniendo mayor rédito y buscan ofrecer un periodismo cada vez más necesario, que aporta valor añadido. La información útil, práctica y de servicio, se vuelve más relevante ya que puede cambiar la vida de las personas y de quienes les rodean.

Servir a la audiencia quiere decir conocer muy bien a los usuarios, saber sus intereses, identificar sus necesidades y estudiar la manera de satisfacerlas. En cambio, servirse de la audiencia se traduce en utilizar a los lectores como cebo, mediante los titulares clickbait, el infoentretenimiento, o las piezas diseñadas para el posicionamiento SEO, con una falta de criterio periodístico que tiende a la manipulación y a la propaganda que alimenta la polarización. En suma, una tendencia que todavía mantienen algunos editores, aferrados a un mundo del “pan para hoy, hambre para mañana” abocado al fracaso.

Previsiones de la inversión publicitaria en Estados Unidos antes y después de la COVID-19 (WARC Data).

Carvajal profundiza en las principales consecuencias de la pandemia en la economía del periodismo. El histórico incremento de audiencias vivido en marzo y abril de 2020 sirve de poco ante la fuerte disminución de la inversión publicitaria. Aunque las suscripciones han repuntado, no será suficiente para sostener el peso del negocio ni en el corto ni en el medio plazo. De acuerdo con las previsiones en EE. UU., el desplome publicitario oscilará entre el 13% y el 21% para televisión, radio, diarios y revistas. Incluso el gigante Google experimentará por primera vez un descenso de los ingresos publicitarios, según EMarketer.

Un reciente informe del Oxford Reuters Institute for the Study of Journalism revela que numerosos diarios regionales europeos apuestan por estrategias de pago para ser sostenibles. Entre las opciones destacadas figuran las suscripciones, los programas de membresía, las donaciones y los micropagos. La tendencia es clara: diversificar las vías de ingresos para no depender de la publicidad y seducir a los lectores fieles, que apoyen al medio, frente a las métricas del volumen de páginas vistas y los usuarios únicos.

Modelos de pago implantados en diarios regionales (Reuters Institute for the Study of Journalism).

Los retos de la redacción virtual

“Las redacciones tradicionales están muertas”, me decía un subdirector de un medio nacional en julio. El entorno creativo de la redacción es irremplazable, pero ahora los periodistas saben hasta dónde pueden llegar en condiciones adversas. Tras la experiencia de teletrabajo forzoso a raíz de la COVID-19, medios prestigiosos en todo el mundo (The New York Times, Le Monde, Der Spiegel…) y empresas tecnológicas (Google, Twitter, Facebook…) han decidido mantener el trabajo remoto al menos hasta el verano de 2021 y dejarán de pagar el alquiler de algunos edificios que albergaban sus redacciones. La situación laboral no es precisamente halagüeña. En abril de 2020 se declararon más de 25.000 ERTEs en el sector de la comunicación en España, al tiempo que se advertía de un incremento de la precariedad laboral y de las condiciones de sobrecarga a raíz del teletrabajo.

El reto de producir las ediciones digitales e impresas de los diarios durante el confinamiento fue superado con éxito. El trabajo en las redacciones virtuales se ha vuelto más flexible y al mismo tiempo, más productivo en muchos casos, y los procesos internos y reuniones se han agilizado. La relación entre jefes y empleados tiende a ser más cercana, menos jerárquica, y se fomenta una mayor colaboración. Muchos directivos han tenido que salir de sus despachos y “remangarse” para tirar del carro durante la pandemia y han sabido gestionar los problemas e incertidumbres. Otros, en cambio, se han visto sobrepasados por las circunstancias o la falta de liderazgo y se han vuelto redundantes o poco eficaces.

El consultor Jose Manuel Rodríguez trazaba un certero análisis de cómo la implantación de sistemas de pago implica repensar la organización en los medios que han vivido mayoritariamente de la publicidad. Los directivos de medios españoles señalan qué perfiles ganan peso y cuáles lo pierden en este escenario donde es esencial aportar valor. Crece el peso del periodismo de datos, indispensable para entender lo que pasa, aunque los equipos de datos son todavía escasos en las redacciones. También se valora el papel de los editores de video, los expertos en visualizaciones y los periodistas capaces de levantar exclusivas y realizar investigaciones sólidas. Pierden peso, en cambio, quienes se dedican al SEO, y a trabajos más rutinarios, como los redactores de última hora y de contenido patrocinado.

Periodismo que aporta valor

Durante la pandemia, los contenidos que más conectan con las audiencias son aquellos que huyen de la banalización y del sensacionalismo y difunden historias y datos útiles y aportan contexto. El predominio de la comunicación visual sigue creciendo, por lo que las imágenes, fotos o videos y las visualizaciones de datos funcionan muy bien. Las redacciones que invierten en sus periodistas, incrementando sus recursos y el tiempo necesario para elaborar informaciones de alcance, exclusivas, visualizaciones de datos, análisis y piezas que explican el contexto en tiempos de incertidumbre. El periodismo de calidad no debe medirse solo por las exclusivas y las investigaciones -que son más importantes que nunca- sino también por la capacidad de ofrecer mediante informaciones de calado, las herramientas que los lectores necesitan en su vida diaria. El trabajo de control de la actuación de los gobiernos durante la COVID-19 también conlleva la capacidad de analizar y discriminar los datos relevantes.

El periodismo es una potente vacuna contra la desinformación, ese otro virus que encontró un espacio muy favorable para propagarse durante la pandemia en el ecosistema digital, a través de medios, redes sociales, canales de mensajería y buscadores. El periodismo está prestando un servicio público esencial al desmentir los bulos que se diseminan por maldad o por pura estupidez de quienes carecen del mínimo de sentido común al compartir cualquier cosa en sus redes sociales. Según Raúl Magallón, profesor de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Unfaking News. Cómo combatir la desinformación, la evolución de la pandemia ha redefinido “la manera que tenemos de acercarnos a la información, pero también la forma en la que circula la desinformación”. “La mediatización extrema generada por el confinamiento reforzó la idea de que el miedo y la desinformación están estrechamente vinculados”, subraya Magallón.

Estrategia y liderazgo en tiempos convulsos

Anticiparse a los vaivenes que provoca la delicada situación económica y social, y desarrollar una sólida estrategia resulta clave. La encuesta global McKinsey a directivos indica que el 85% de las empresas ha acelerado la digitalización y el 67% ha acelerado la implantación de procesos de automatización e Inteligencia Artificial. En estos tiempos de incertidumbre, resulta más necesario que nunca planificar los objetivos en función de las ventajas competitivas y los valores esenciales de la empresa, dejando de lado distracciones y titubeos y ejercer un liderazgo que marque el rumbo, afronte los problemas y negocie las soluciones.

La curación algorítmica aparece en el CMS de Sveriges Radio con distintos colores asociados a valores periodísticos (Sveriges Radio).

Un caso paradigmático es el de la radio pública noruega Sveriges Radio (SV), que cuenta con 1.500 periodistas que trabajan en 50 delegaciones diseminadas por todo el país. La SV ha creado un algoritmo editorial que les permite producir informaciones más relevantes que al mismo tiempo promueven los valores de servicio público. Según explica su director de Desarrollo Digital, la iniciativa ha permitido mejorar el trabajo de los editores de las emisoras locales y aumentar sus oyentes, especialmente entre los menores de 30 años.

La personalización de contenidos mediante IA se afianza como una estrategia para atraer y reforzar el consumo de audio en plataformas de radio, música y podcast, como analiza el profesor de la Universidad de Nebrija, Luis Miguel Pedrero, en este interesante hilo en Twitter. Desde Spotify a Apple Podcasts, pasando por Google, Amazon y la BBC, todas estas empresas se han embarcado en proyectos estratégicos que potencian el uso de la IA para ofrecer contenidos diseñados a medida de cada oyente, ya que la “personalización se impone como lógica de consumo digital para la generación Z”, como apunta Pedrero.

Los medios que desde antes de la pandemia ya se estaban adaptando al nuevo entorno serán capaces de sobrevivir si mantienen sus prioridades. En cambio, las empresas mediáticas que ya se resistían al cambio están cada vez más rezagadas, lastradas por modelos trasnochados, y corren el peligro de desaparecer. Se trata de la vieja cuestión de la supervivencia de la especie en un ecosistema cada vez más competitivo y voraz. Y es que, probablemente, “ya nada volverá a ser como antes”.

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