Web3 y metaverso, ¿la revolución definitiva para el periodismo y los medios?

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Periodista y escritora especializada en tecnología e innovación. Autora de 'Error 404' (Debate, 2021).

En 2019 publiqué en El País un artículo sobre Civil, una red de medios de comunicación alineados en un nuevo modelo de negocio basado en blockchain. Civil trataba de reinventar y desintermediar el periodismo, haciendo frente a los problemas de titularidades y de modelo de distribución. Se creó bajo el paraguas de la compañía blockchain ConsenSys (liderada por el cofundador de la criptomoneda Ethereum, Joseph Lubin) y aspiraba a ser la primera aplicación blockchain de gran consumo con impacto.


Civil murió. Tal vez no era su momento. O tal vez nunca lo será. Pero lo cierto es que ahora todo aquello que Civil trataba de hacer está resurgiendo en el marco de un (no tan) nuevo concepto: la Web3. ¿Qué es la Web3? O, mejor dicho, ¿qué no es? A menudo se describe la Web3 como la evolución de la Web 2.0. Sin embargo, no es así. La verdadera continuación de las Web 2.0 es la Web 3.0, igual que la Web 2.0 lo era de la Web 1.0 o World Wide Web (la primera versión de la invención de Berners-Lee).

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A la Web 3.0 se le llama también Web semántica porque una de sus principales características o funcionalidades es la de hacer que los recursos a los que podemos acceder online sean más legibles para las máquinas para que puedan organizar mejor la información. Eso redundaría, por ejemplo, en búsquedas más precisas, guiadas por el significado y no por el contenido textual.

La Web semántica no solo tiene una filosofía totalmente diferente a la Web3, sino que se basa en una infraestructura diferente. La primera es continuista con sus predecesoras (la web 1.0 y la Web 2.0), y se basa un protocolo llamado HTTP que crea una red de recursos unidos mediante hipervínculos. La Web3, sin embargo, se basa en blockchain, y su foco está puesto en la resolución distribuida de problemas relacionados con la propiedad de activos.

La tecnología blockchain o de cadena de bloques es conocida por ser el vehículo de Bitcoin, la famosa criptodivisa. Es un sistema de consenso distribuido que permite realizar registros descentralizados con copias en millones de ordenadores en todo el mundo protegidas criptográficamente, que en teoría no se pueden atacar, ni prohibir, ni borrar. Además de guardar datos y documentos, también permite establecer reglas particulares para cada transacción. Esto tiene muchas ventajas (y algunos inconvenientes) pero desde luego no es una evolución de lo que conocemos como web, sino otra cosa diferente.

Web3 se basa en la idea de aplicaciones y finanzas descentralizadas, a través de herramientas como los contratos inteligentes, las criptomonedas o cualquier otro tipo de token o unidad de valor. Por ejemplo, las NFT son una forma de monetización digital basada en tokens no fungibles, una especie de certificados digitales de autenticidad y propiedad de una obra que solo existen en formato electrónico y que están validados por tecnología blockchain.

Ahí, en esa descentralización de la propiedad -versus la centralización- está la clave de su aplicación en el mundo de los medios, y lo que Civil vio como una gran oportunidad. El control de Civil estaba representado por la propiedad de los tokens CVL. Era una forma incipiente de lo que hoy conocemos como DAO (Decentralized Autonomous Organization), u organización autónoma descentralizada. En una organización periodística DAO, el precio de todos los productos y los detalles sobre quién recibirá los ingresos se mantienen en una cadena de bloques, y los miembros de la organización o accionistas pueden votar para cambiarlo.

Ventana de oportunidades

¿Qué ventajas tiene esto, además de facilitar un modelo de organización cooperativista y descentralizado versus la alta jerarquización actual de los medios? Larry Ryckman, director del Colorado Sun (uno de los diarios que se unió a Civil), destacaba en su momento algunos de esos beneficios: “Proporciona una gran seguridad para nuestro contenido, garantiza una mayor transparencia para nosotros y para nuestros lectores y facilita que los estos puedan apoyar directamente a Colorado Sun y a sus periodistas”.

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En efecto, el uso de blockchain facilita la trazabilidad del proceso periodístico, como sistema de identidad y autoría probadas que permite saber a quién pertenece cada contenido publicado. Por ejemplo, una agencia de noticias puede saber cómo se difunden sus contenidos y garantizar que se cumplen los derechos de autor. La propia verificación de hechos periodística, o fact-checking, también podría evaluarse a través de un análisis transparente y rastreable, utilizando información ya verificada almacenada en la cadena de bloques.

También es trazable la interacción con la audiencia, y cada reportero puede recibir una remuneración acorde al impacto de su trabajo. En el marco del boom actual de la ‘economía de los creadores’, esto se traduce en una desintermediación que permite que esas personas recojan el 100% de sus ganancias, en lugar de ceder un porcentaje a las plataformas donde publican (YouTube, TikTok, Substack, etc.). Aquí entran en juego también las NFT, que se están vendiendo como el santo grial para creadores independientes y artistas, y también para medios, periodistas y fotógrafos que pueden crear copias únicas de sus obras y venderlas a precios desorbitados, o cuanto menos dignos.

Otra utilidad de la blockchain y los tokens en el ámbito de los medios (y también de las redes sociales) tiene que ver con la moderación de contenidos. Sobre papel, el ecosistema Web3 promete ofrecer opciones como la moderación colectiva a partir de tokens que equivalen a derechos de voto.

De forma paralela al concepto Web3 surge el del metaverso. Este entorno virtual trae también oportunidades de reinvención para los medios, al ser un entorno inmersivo en el que la interacción con el contenido se produce de forma diferente a la que estamos acostumbrados a través de la pantalla. Lo más obvio de imaginar son sistemas de lectura adaptados a la pantalla de realidad virtual y contenidos audiovisuales inmersivos, pero también nuevas formas de interacción.

Casos de uso

¿En qué se está materializando todo esto? En el ámbito del metaverso, el Instituto Reuters reporta que los primeros usuarios más entusiastas han sido los productores de eventos especiales en televisión. También radios que están adoptando estudios de realidad mixta, como el estudio virtual Eurosport’s Cube, que permite a los anfitriones ver e interactuar con el contenido que los rodea y traer celebridades al espacio del estudio desde diferentes lugares.


También periódicos como Financial Times se están animando a realizar entrevistas en directo en el metaverso a través de avatares.


Volviendo a lo puramente Web3, está JournoDAO, una red profesional para periodistas que quieran sumergirse en la Web3. Ofrece formación, herramientas (por ejemplo, para controlar cómo se distribuye y monetiza el contenido) y ayudas para iniciar proyectos. Buscan iniciativas “que fortalezcan el periodismo local, combatan la censura, proporcionen herramientas para verificar hechos, fomenten la propiedad de los medios a nivel del creador/comunidad/audiencia y restablezcan la agenda de noticias en torno a las necesidades humanas”.

En cuanto a medios como tal, un ejemplo es Distributed Media, una comunidad DAO que tiene como misión cocrear y curar contenido y material educativo “sobre la revolución Web3 desde una mentalidad Web3”, manteniendo el control en la comunidad. También quiere brindar un servicio como plataforma de lanzamiento y amplificador para proyectos prometedores de Web3 e ideas innovadoras en ese espacio.

Otro ejemplo es Water and Music, fundado por la periodista Cherie Hu. Coescribe informes de investigación con docenas de miembros de su comunidad sobre cómo la tecnología está cambiando la industria de la música, pagándoles con su propio token. Tiene 1500 suscriptores de pago.

Forefront, por su parte, es un proyecto de contenido que evita la etiqueta de ‘medio’. Están convencidos de que “las comunidades tokenizadas pueden revolucionar los marcos en torno al dinero, el valor y la coordinación, marcando el comienzo de la economía de propiedad y creación de Web3”. Así, Forefront pretende ser el centro de contenido y comunidad de dicho espacio.

Otro sucedáneo de medio, al tiempo que comunidad, es FWB (Friends With Benefits). Se define como una DAO social cuyo objetivo es “catalizar el poder de Web3 como fenómeno cultural”. En su plataforma editorial tienen historias/ noticias destacadas, un boletín y una sección en la red Discord donde se discuten asuntos de periodismo local.

Más allá del hype

Los más entusiastas de las posibilidades de la Web3 y del metaverso creen que ambas revolucionarán el periodismo y los medios para bien. Animan a periodistas y editores a experimentar y repensar sus procesos, modelos y productos para reinventarse usando estas tecnologías.

Si bien es cierto que las oportunidades están aún por explorar, también lo es que tan importante o más que la capacidad habilitadora de estas tecnologías es su despliegue, objetivos y adopción. Contaba al principio la historia de Civil, tal vez el primer medio Web3, nacido en 2016. Por aquel entonces no se hablaba de Web3, que es un término traído para rebautizar lo que antes conocíamos como ‘cripto’ y blockchain. No es nada nuevo bajo el sol, sino una estrategia marquetiniana de relanzamiento.

La soberanía, transparencia, trazabilidad y descentralización, o las ideas de retorno a la comunidad y de asignación justa de recursos que puede facilitar y promete la Web3 pueden sonar muy bien, pero lo importante es cómo hacer que se cumplan dichas promesas.

Por el momento estamos viendo, al contrario, cómo las NFTs, lejos de desprecarizar profesiones como la de periodista o artista, está haciendo ricos únicamente a unos pocos y perpetuando vicios del sector como la compra colectiva de obras por parte de los propios autores para hacer subir artificialmente su precio.

Jack Dorsey, cofundador de Twitter, vendió su primer tuit por casi tres millones de dólares.

Además, incentivar el pago a periodistas en función del número de clics de sus artículos perpetúa la dictadura del clic e incentiva la creación de contenido sensacionalista o banal, cuando no desinformativo.

También estamos viendo cómo se aprovechan los incentivos para poseer criptodivisas (por ejemplo, medios que las ofrecen como pago) que en realidad son una moneda altamente volátil y actualmente en pleno desplome. Un día te haces de oro y al siguiente lo pierdes todo. Estas inversiones se califican ya como las nuevas subprime, en alusión a las hipotecas basura que condujeron a la crisis de 2008. El Fondo Monetario Internacional advierte en un informe reciente de los riesgos del ecosistema cripto: operativos (con pérdidas de fondos), de ciberseguridad (robos de fondos), de gobernanza (falta de transparencia en torno a la emisión y distribución de criptoactivos que resultan en pérdidas para los inversores), de concentración (dada su gran dependencia de pocas entidades), de fraude al consumidor y de integridad del mercado.

Luces y también sombras en la aplicación de estas tecnologías emergentes que pueden mejorar mucho las cosas o perpetuar -e incluso empeorar- los vicios del sistema y las desigualdades. Desde luego, ese no es motivo para dejar de explorar y tratar de sacar lo mejor de ellas. Más bien al contrario: necesitamos encontrar la mejor forma de usarlas para cambiar de verdad las cosas y traer dignidad y prosperidad al periodismo y a los medios.


Periodista y escritora especializada en tecnología e innovación. Autora de 'Error 404' (Debate, 2021)

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