Narrar para conectar: el futuro de las nuevas narrativas

Hace apenas unos años, la innovación en narrativas y formatos parecía una carrera por ver quién llegaba antes al futuro. Hackatones, gafas de realidad virtual, periodismo sensorial, narrativas inmersivas… La conversación giraba en torno a la tecnología como si fuera un destino en sí mismo. Hoy las conversaciones apuntan en una dirección diferente. La tecnología sigue ahí —más presente que nunca—, pero ya no ocupa el centro del escenario. Ha dejado de ser la meta para convertirse en una aliada. Y la palabra que más se repite no es “innovación” ni “inmersión”. Es “conexión”, un concepto que surgió con fuerza en las conversaciones mantenidas con expertas y profesionales del sector —Sara I. Belled, Iker Barinaga, Sara Pérez-Seijo y Ana Sofía Paiva—, cuyas miradas ayudan a entender mejor este nuevo modo de pensar la innovación.

Imagen de Tyli Jura

El reto de recuperar la misión

Para una parte de la población los medios tradicionales siguen siendo su punto de referencia. Sin embargo, entre los más jóvenes esa relación de confianza se construye de forma diferente: ya no importan las grandes instituciones, sino las personas con las que se identifican y sienten cercanas. A este cambio de paradigma, se suma una profunda transformación en el acceso a la información. Las búsquedas tradicionales pierden peso, las redes sociales se consolidan como puerta de entrada y la inteligencia artificial empieza a mediar la relación entre usuarios y noticias.

En este contexto, la misión social del periodismo —informar para que la ciudadanía pueda tomar mejores decisiones— se diluye entre opiniones, sesgos y burbujas. Por ello, los expertos coinciden en algo esencial: el formato y el enfoque deben ir de la mano. La innovación no puede ser un ejercicio de deslumbramiento. Debe ser un ejercicio de utilidad: aportar contexto, conversación, información. Valor tangible en la vida diaria. 

De la hiperespecialización al perfil híbrido

Una de las transformaciones más visibles en el ámbito de las nuevas narrativas es el paso de la hiperespecialización a los perfiles híbridos. Los medios buscan profesionales capaces de moverse entre formatos, lenguajes y plataformas. No para producir más, sino para conectar mejor con audiencias que ya no consumen contenido de forma lineal. Esta conexión exige algo fundamental: aprender de los lectores. Entender sus códigos, sus momentos vitales, sus expectativas. 

Las audiencias más jóvenes quizá hoy no quieran informarse, pero mañana necesitarán hacerlo. Por eso los expertos advierten que la clave puede no estar en atraerlos de inmediato, sino en estar preparados para cuando necesiten venir. En este contexto, la tecnología deja de ser un adorno para convertirse en parte del hilo narrativo. No se trata de “usar IA”, sino de contar mejor. Tampoco de “hacer vídeo”, sino de hablar el lenguaje audiovisual que ya domina su día a día. 

El legado invisible del periodismo inmersivo

La fiebre por la inmersión —el storyliving, la experiencia, la presencia— no cuajó por motivos económicos, tecnológicos y de mercado. Pero dejó algo importante: un cambio de mentalidad. Aunque las gafas de realidad virtual no se hayan convertido en un objeto cotidiano, la idea de ofrecer al público una experiencia más rica, más emocional, más participativa, sí ha permeado en la industria. Hoy, esa búsqueda de valor experiencial se expresa de otras formas: vídeos explicativos, visualizaciones dinámicas, narrativas interactivas, formatos que invitan a “vivir” la información sin necesidad de dispositivos sofisticados.

Y justo cuando la inmersión empezaba a desinflarse, llega la inteligencia artificial. Una tecnología transversal que atraviesa toda la cadena de valor y que, usada con responsabilidad, puede liberar tiempo para volver al periodismo artesanal. Sin embargo, los expertos lanzan un aviso: no conviene repetir los errores del pasado, experimentar primero y reflexionar después. La IA abre posibilidades inmensas, pero también riesgos éticos y legales que los medios deben abordar con políticas claras.

Imagen de Jay Pea

El audio como un laboratorio silencioso

Mientras otros formatos han vivido ciclos de entusiasmo y agotamiento, el audio ha seguido un camino más discreto, pero constante. No ha tenido grandes explosiones tecnológicas, pero sí una evolución profunda en la forma de entenderlo y trabajarlo. El podcast ha dejado de ser un territorio amateur para consolidarse como un espacio profesional, interdisciplinar y cada vez más exigente en términos de calidad.

Lo interesante es que la innovación en audio no siempre se percibe como tal porque no suele venir acompañada de grandes titulares. Sin embargo, está transformando la manera en que contamos historias: desde la atención creciente al diseño sonoro hasta la aparición de formatos que exploran el territorio entre el periodismo y la experiencia sensorial. Los mapas sonoros, por ejemplo, no solo amplían las posibilidades narrativas, sino que abren la puerta a nuevas formas de accesibilidad y de relación con el entorno informativo.

A esto se suma una línea de trabajo que empieza a ganar relevancia: la sonificación de los datos. En un ecosistema donde la visualización domina, convertir los datos en sonido permite que más personas accedan a la información y, al mismo tiempo, invita a repensar cómo percibimos los patrones, las tendencias o las anomalías. El audio basado en los objetos, por su parte, introduce la posibilidad de experiencias personalizadas, multilingües y adaptables a distintos dispositivos sin multiplicar los esfuerzos técnicos.

El hilo que une estas tendencias es la sensación de que la innovación periodística ha entrado en una fase de madurez. No porque haya menos posibilidades —nunca ha habido tantas—, sino porque la mirada ha cambiado. La pregunta ya no es qué tecnología podemos incorporar, sino qué historias necesitan ser contadas y qué formato funciona mejor. La innovación ya no se mide por el brillo de los formatos, sino por su capacidad para reconectar: con los lectores que se han alejado, con los jóvenes que aún no han llegado, con las comunidades que buscan información para tomar mejores decisiones. En esa reconexión está el verdadero desafío. Y también la oportunidad.

PENDIENTE.

Las reflexiones son fruto de las entrevistas realizadas a cuatro expertos: Sara I. Belled, periodista visual en Colpisa; Iker Barinaga, director de Producto de Vocento; Sara Pérez-Seijo, investigadora del Grupo Novos Medios (USC) especializada en nuevas narrativas, y Ana Sofía Paiva, experta en innovación sonora (ICNOVA), como parte del informe  “Tendencias e innovaciones en el ecosistema mediático de España y Portugal” del proyecto Iberifier Plus. 


Iberifier Plus ha recibido financiación de la Comisión Europea en virtud del acuerdo Call DIGITAL-2023-DEPLOY-04, European Digital Media observatory (EDMO) – National and multinational hubs. Referencia: IBERIFIER Plus - 101158511.

Entradas recientes

Narrar para conectar: el futuro de las nuevas narrativas

Alba García Ortega

José Antonio Cortés Quesada, experto en audiencias: “Vivimos una transición hacia métricas de atención y emoción”

Alicia de Lara

Salon5: el despertar de la Generación Alfa en el periodismo

Jose A. García Avilés

Trabajo pesado y trabajo pensado: ¿Cómo mantener el aura en el periodismo usando la IA?

Miguel Carvajal

El contenido ya no es el solista: 8 claves para analizar la experiencia de usuario de un proyecto periodístico

Cristian R. Marín

Innovar también es cuidar: el bienestar emocional de los periodistas en un contexto de cambio

Chema Valero

Universidad con Sello de Excelencia Europea

La Universidad Miguel Hernández de Elche consiguió el Sello de Excelencia Europea 500+ en 2004, y posteriormente fue renovada en dos ocasiones consecutivas, la primera en 2007 y la segunda en 2009.