El contenido ya no es el solista: 8 claves para analizar la experiencia de usuario de un proyecto periodístico
Durante siglos, la industria periodística experimentó las ventajas de tener productos casi imperecederos que sobrevivían a sectores completos, como el del transporte o la tecnología. El periódico y la revista empaquetaban ―y siguen empaquetando― contenido cuya calidad y enfoque marcaban la diferencia. El diseño visual, la capacidad de escritura de quien firmaba, su prestigio, el uso de las fuentes o, simplemente, qué se contaba, eran métricas clave para el éxito, que a su vez se medía en ejemplares vendidos.

Sin embargo, esa comodidad se esfumó con la llegada de los entornos digitales y el periodismo se ha convertido en una experiencia cada vez más similar a otras del día a día, como pedir comida a domicilio o reservar un alojamiento. La usabilidad se ha convertido en un factor determinante para el éxito de cualquier proyecto periodístico digital. No basta con producir información relevante; es imprescindible que esa información llegue a la audiencia de manera efectiva, intuitiva y satisfactoria.
Aunque el periodismo diferencial sigue siendo la clave de las grandes cabeceras, y así lo estamos observando con investigaciones de largo recorrido, la situación puede ser inversa: información comoditizada, replicable, en empresas informativas que ganan la batalla por la atención, las páginas vistas y los clicks de las personas usuarias gracias a la usabilidad, el posicionamiento en IA generativa y la hiperpersonalización de las pantallas.
Sea cual sea el modelo, desarrollar esta capacidad de generar productos digitales de alto valor en las compañías periodísticas, ya sean startups, scaleups o grupos mediáticos con décadas de historia, se ha convertido en una ventaja competitiva. En este artículo analizamos ocho vías para explorar las estrategias que se despliegan habitualmente.
1. El journey es intencional y está claro para el usuario
¿Qué buscan los medios al diseñar el viaje de los usuarios por sus páginas? Que permanezca todo el tiempo posible en ellas y que consuma el mayor número de piezas posible. Y todo ello mientras los intereses del usuario (que pasan por encontrar la información deseada de la forma más eficaz posible) también quedan satisfechos.
En este punto, lo más importante es analizar si la portada presenta una arquitectura clara, si es fácil acceder a las distintas secciones y si las páginas dedicadas al contenido ―noticias, reportajes, especiales― permiten una lectura fácil y efectiva.
En términos de arquitectura y jerarquía de la información, casi todos los medios de comunicación hacen un buen trabajo. Precisamente, la herencia del papel, sobre el que ya se aplicaban principios de diseño que iban más allá de lo puramente estético, ha permeado. La lectura desde el titular hasta que acaba el contenido y entonces se recomiendan otras piezas suele resolverse con eficacia, aunque en ocasiones la oferta de contenidos con clickbait embarra este recorrido.

Además, en el panorama actual encontramos iniciativas innovadoras, como Axios, que gracias a su Smart Brevity han sido capaces de facilitar la lectura y que el usuario extraiga la información más valiosa en el menor tiempo posible.
2. Menos tiempo para conseguir la información de valor
En la economía de la atención, un entorno competitivo en el que el periodismo compite contra la tiktokización, cada segundo cuenta. Para asegurar una experiencia de usuario exitosa, los equipos de producto deben tener en cuenta cuestiones técnicas, como la calidad del código de sus apps y webs, con objeto de que los tiempos de carga sean mínimos y no haya lugar a la frustración. Además, se debe prestar atención a la optimización de las imágenes y, sobre todo, asegurar que la publicidad no sea intrusiva.
3. Hiperpersonalización
Además de ajustes básicos que ofrecen algunas cabeceras para modificar el tamaño de letra, el interlineado y el fondo de sus webs, los avances en materia de Inteligencia Artificial (IA) permiten a los medios personalizar la oferta informativa a cada usuario. Ahora, los equipos de producto experimentan con portadas únicas para cada usuario en función de sus intereses. También puede variar qué contenidos se recomiendan e incluso si aparece o no el muro de pago, en función de variables como la predisposición a pagar o sus hábitos de consumo, con el consiguiente riesgo para la creación de cámaras de eco.
Entender hasta qué punto se adapta lo que recibe el usuario es imprescindible para conocer el tipo de experiencia que un medio ofrece a sus audiencias.
4. Quien busca, debe encontrar
El consumo de contenido con cero clicks, aquel que se produce únicamente en el entorno de una IA como ChatGPT, Gemini o Claude, amenaza el modelo de negocio que vende al peso páginas vistas y publicidad programática. Y en este panorama competitivo, los medios pueden aprovechar su historia y la ingente cantidad de periodismo que producen cada día para aportar contexto y hacer que la experiencia sea diferencial en su entorno.En este artículo, la London School of Economics (LSE) explica cómo Reuters, Axel Springer y otras empresas mediáticas están aprovechando este potencial “para apoyar el trabajo de los periodistas”.

Esto, además, conecta con la necesidad de tener un buscador que funcione bien. Muy bien.
Que ofrezca propuestas de palabras clave en función de lo que busque el usuario, y también la capacidad de filtrar por fecha, autor, sección o tipo de contenido. Las iniciativas de las que habla la LSE también facilitan los sistemas de etiquetado para agrupar contenidos similares y así allanar el camino de los lectores que desean profundizar en temas de su interés.
5. Multimedia integrado, no añadido
Para acercar la experiencia de consumir periodismo a la excelencia, el material audiovisual (vídeos, infografías, pódcast, galerías de imágenes, visualizaciones de datos…) debe integrarse de manera que sume a la narrativa. Sin embargo, es habitual que algunas piezas, como los vídeos, tengan un preroll publicitario que obliga a las personas usuarias a esperar. O que las visualizaciones de datos no estén realmente optimizadas.
En este análisis hay que hacerse una gran pregunta: ¿los elementos multimedia enriquecen el texto o entorpecen la lectura?
6. Accesibilidad. De verdad.
Por definición, cualquier proyecto periodístico, de nicho o perteneciente a una gran corporación, debe ser accesible para todas las personas con dificultades visuales, auditivas o motoras, en función de la naturaleza del periodismo que se haga. En términos de producto digital, esto conlleva los mínimos habituales ―texto alternativo en imágenes, subtítulos en vídeos, un contraste de color adecuado, navegación por teclado, compatibilidad con lectores de pantalla…― y aspirar a máximos como el uso de tipografías más legibles para todos los públicos.
7. Voz y voto para el usuario
Una experiencia de usuario excelente no termina con el consumo pasivo de contenido; debe plantear mecanismos que permitan a la audiencia participar de manera activa. Medios como The Athletic han integrado sistemas de valoración que invitan a los lectores a evaluar cada pieza, generando datos valiosos sobre qué funciona y qué no, mientras potencian el vínculo de lectores y periodistas.
Analizar qué hacen los medios en este sentido es comprender lo interactivo de su experiencia y su capacidad para generar credibilidad. Porque habilitar canales para que los usuarios sugieran temas, aporten información relevante o corrijan errores convierte a la audiencia en colaboradora del proceso periodístico, y esa es una de las asignaturas pendientes del periodismo actual. Un ejemplo pionero fue FixMedia, el proyecto de Pau Llop que permitía a los lectores señalar inexactitudes y contribuir con datos contrastados. Esta iniciativa se adelantó a sus tiempos, anticipando la importancia de la transparencia y la verificación colaborativa que llevan a cabo proyectos como Maldita, dándole además la capa de producto que se construye de manera colectiva.
8. Aspirar a la excelencia
Cumplir con los estándares básicos de usabilidad es el punto de partida que cualquier experiencia digital debe cumplir en estos momentos, no la meta. Y esto es algo que en otros sectores altamente competitivos está claro. En otras palabras: aquellos proyectos periodísticos que quieran crear experiencias diferenciales deben cuidar cada detalle con la misma atención que el contenido editorial.
Si los product managers miran a su alrededor, verán que una iconografía coherente y cuidada ha convertido a Airbnb en una plataforma más cercana y efectiva, o que las identidades visuales inconfundibles de The New Yorker —con su elegancia tipográfica y estética atemporal— y The Atlantic siguen siendo recursos que generan atención, interés y, por tanto, suscripciones.
Sin embargo, en la industria del periodismo hay mucho recorrido por hacer. Por falta de ancho de banda, se descuidan elementos como el UX writing ―los mensajes que guían al usuario (botones, mensajes de error, llamadas a la acción, formularios)–, y es en esos detalles donde reside la diferencia entre un producto funcional y uno con la capacidad de conectar para crear recuerdos.
Sinfonía y afinación
Si en el periodismo tradicional el contenido periodístico era, como mínimo, un vocalista de enorme protagonismo, en los proyectos digitales de primer nivel, el diseño de la experiencia de usuario debe crear una auténtica sinfonía: cada componente debe estar perfectamente afinado y en armonía con los demás. Un artículo brillante pierde impacto si tarda diez segundos en cargar, del mismo modo que una portada hiperpersonalizada no cumple su función si la experiencia de lectura es desagradable.
Los product managers, cada vez más presentes y con más capacidad de acción, se erigen como directores de orquesta cuya misión es tan clara como difícil: sonar por encima de la IA generativa y los contenidos que se replican en todos los medios para generar tráfico de baja calidad.
Las 8 claves, para tu análisis
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Journey intencional. ¿La arquitectura de la portada es clara? ¿Es fácil navegar entre secciones? ¿El recorrido de lectura fluye sin interrupciones innecesarias o clickbait?
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Velocidad de acceso. ¿Los tiempos de carga son mínimos? ¿Las imágenes están optimizadas? ¿La publicidad es intrusiva o respeta la experiencia de lectura?
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Hiperpersonalización. ¿El medio ofrece portadas personalizadas? ¿Permite ajustes básicos de tamaño de letra e interlineado? ¿Usa IA para recomendar contenidos relevantes?
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Búsqueda y discoverabilidad. ¿El buscador funciona bien y ofrece sugerencias? ¿Se pueden filtrar resultados por fecha, autor o sección? ¿Hay sistemas de etiquetado para profundizar en temas?
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Multimedia integrado. ¿Los vídeos, infografías y pódcast enriquecen la narrativa o la entorpecen? ¿Están optimizados y libres de publicidad excesiva?
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Accesibilidad real. ¿Hay texto alternativo en imágenes, subtítulos en vídeos y contraste de color adecuado? ¿Es compatible con lectores de pantalla y navegación por teclado?
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Participación del usuario. ¿Existen mecanismos para valorar contenidos, sugerir temas o corregir errores? ¿El medio fomenta la colaboración con su audiencia?
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Excelencia en los detalles. ¿La iconografía y la identidad visual son coherentes y diferenciales? ¿El UX Writing (microtextos, botones, mensajes) potencia la marca del medio?