María Sánchez Díez, editora senior de narrativas digitales y formación (The New York Times): “En los medios hemos de perder el miedo a equivocarnos”
María Sánchez Díez es editora senior de narrativas digitales y de formación en The New York Times. Anteriormente trabajó en Univisión, ProPublica y The Washington Post. Ha impulsado numerosas investigaciones colaborativas que traspasan fronteras, con la participación de equipos periodísticos, y ha obtenido numerosos reconocimientos. En el Congreso de Periodismo de Huesca en marzo de 2026, María Sánchez recibió el XXV Premio de Periodismo José Manuel Porquet. El jurado reconoció su “sólida trayectoria, marcada por trabajos periodísticos de altísima calidad y galardonados internacionalmente, así como por su compromiso sostenido con la innovación en el periodismo”. Esta entrevista se realizó durante el Congreso, en exclusiva para nuestra revista.

Imagen: Congreso de Periodismo de Huesca.
P. Cuénteme cómo es el trabajo en el New York Times desde que surge una propuesta, una idea, hasta el resultado de una narrativa que conecta y busca la mejor manera de contar el asunto que se investiga.
R. El proceso es el de siempre. Un reportero pichea una historia a su editor y el editor la contrasta, se reportea y luego se publica. Además, se ha hecho muchísimo trabajo previo de capacitación y de formación dentro de la redacción para enseñarle a los periodistas y a los editores un repertorio de formatos a los que pueden acudir en los distintos casos. Hemos creado ese “músculo” para que ellos mismos se pregunten cuál podría ser la mejor manera de contar esta historia, ¿a través de un vídeo? ¿con una visualización de datos? ¿una pieza de periodismo explicativo? ¿una entrevista a lo mejor con un experto?
La propuesta no nace de nosotros, de los editores; lo importante es que nazca de los redactores. De alguna manera, les enseñamos las opciones y los entrenamos en ellas; la idea es que los periodistas lo apliquen en sus áreas de cobertura como lo consideren más adecuado.
P. En España a menudo se pone el ejemplo del New Times como medio que funciona muy bien en todo. Aunque si te paras a comparar el tamaño de la redacción, el presupuesto… es muy complicado imitarlo. ¿Qué consejo le daría a un medio regional sobre cómo desarrollar esa forma diferenciada de contar las historias, teniendo en cuenta las imitaciones?
R. Creo que cada medio tiene que ponerse en modo de experimentación y de alguna manera estudiar qué es lo que le funciona en su ámbito temático y geográfico, de todas las soluciones que, por ejemplo, puedan existir en el New York Times. Quizá un medio no tiene por qué ponerse a hacer podcasts, pero sí le vendría bien invertir en una unidad de datos para ofrecer los resultados electorales en tiempo real, con mapas y otros recursos… La respuesta va a depender de cada medio. En el New York Times, porque somos grandes, tenemos grandes aspiraciones. Es el medio más importante del mundo. Lo fundamental es que los periodistas escuchen a sus audiencias, presten atención a los datos, sin que eso de ninguna manera merme el criterio periodístico, sino que los mueva a tratar de entender cuáles son las informaciones y los formatos que están resultando más atractivos para los lectores. Así podrán aprender un poco de cómo se trabaja esa información, para replicarla en su propia estrategia editorial.
P. ¿Cómo pueden superar los medios de comunicación la crisis que atraviesan?
R. Hemos de plantearnos para qué sirve el periodismo, para qué valen los matices y el rigor, cuando las redes sociales se dedican a reforzar lo que la gente piensa. Suelo decir que el trabajo periodístico no termina cuando se publica una entrevista o un reportaje; en realidad ahí comienza la tarea más importante si cabe, que es encontrar a los lectores porque una historia que no llega a sus destinatarios es una historia fracasada. Por eso lo más urgente, en mi opinión, es recuperar la confianza de las audiencias en los medios de comunicación, recuperar nuestra credibilidad como periodistas.

Imagen: Congreso de Periodismo de Huesca.
P. ¿Podría compartir un proyecto reciente del que se sienta más orgullosa y explicar por qué?
R. Creo que fue en 2017, cuando trabajaba en Univisión y siempre intentaba pensar en formatos diferentes y en nuevos proyectos, porque siempre ha sido mi inquietud. Nos llegó una información sobre un camión de esos que transportan a la frontera sur básicamente, de la trata clandestina de personas. Esos camiones, en el tráiler, iban llenos de migrantes que no tienen luz, ni agua ni aire en condiciones, viajan hacinados como sardinas en lata.
Un camionero dejó abandonado uno de estos camiones con unas 60 personas dentro, no me acuerdo cuántas eran y muchos murieron asfixiados en esa situación deplorable. Muchísima gente quería ver esas historias sobre ese suceso tan triste, era una tragedia que había tocado la fibra de mucha gente. Nos dimos cuenta del interés que se generó precisamente viendo los datos en tiempo real que nos llegaban. En el caso de Univisión, donde yo trabajaba, es un canal de televisión con una web que sirve a la comunidad hispanohablante en Estados Unidos.
Eso nos hizo darnos cuenta de que la gente estaba conectando con esa cobertura porque eran experiencias que muchos de ellos también habían vivido, o sea, habían llegado a Estados Unidos de la misma manera que los que murieron en el camión y al leer esa noticia, la habían revivido y estaban conectando de emocionalmente con la tragedia.
Entonces pusimos un formulario en la web, en todas las noticias que cubríamos sobre esa temática, para que la gente nos contase sus propias historias. Nos llegaron decenas de testimonios escalofriantes. Luego contactamos con toda aquella gente y entrevistamos a muchos. Eso nos permitió aportar una riqueza de testimonios y de voces a la información que podría quedarse simplemente en un triste suceso. Esa cobertura tan amplia y diversa le dio una dimensión mucho más rica. No lo hubiéramos podido elaborar así si no hubiésemos tenido esas herramientas para hacer un llamado a todas aquellas fuentes que pudieron, de alguna manera, aportar sus testimonios.
P. ¿Puede contarnos algún proyecto que fracasó y explicar porque no funcionó?
R. En realidad, no hay fracasos. No lo digo en mal plan, ni por falta de molestia, sino porque también aprendemos de todo lo que no funciona. Al final, cuando queremos implementar un cambio no decimos, “ahora vamos a hacer vídeos verticales, empezamos la semana que viene. El lunes todo el mundo se pone con esto, ¿de acuerdo?”. No, no lo hacemos así. Te pones a probar conceptos, mides si funciona, si cumple con los estándares editoriales y estudias cómo reaccionan los lectores, si les satisface a los propios redactores, si funciona bien, si aporta al producto periodístico, es decir, si el medio de alguna manera está en el código o en el lenguaje que utilices… En este ejemplo que te estoy poniendo tonto de los vídeos verticales, trataríamos de ver si el vídeo está contribuyendo a la historia y a los objetivos periodísticos.
En función de eso vas aprendiendo, vas ajustando y cambiando poco a poco. Los cambios no tienen que venir de arriba, para que se implanten de una vez, de manera repentina. Son cosas que se instauran lentamente y deben implicarse todos los integrantes de la redacción. Hay muchos experimentos que se abandonan, pero no pasa nada. En los medios hemos de perder el miedo a equivocarnos.

Imagen: Congreso de Periodismo de Huesca.
P. ¿Qué medios o narrativas le llaman la atención y le inspiran?
R. Me gusta mucho todo el tema de la verificación de datos que lleva a cabo la gente de Maldita.es, cómo logran hacer el fatck-checking y la verificación, cómo utilizan canales como WhatsApp y distintos formatos para, de alguna manera, desmontar los bulos y ofrecer información de servicio y de calidad a los lectores. En Estados Unidos hay medios comunitarios muy interesantes, que son hiperlocales o se centran en algún grupo demográfico. Tienen, digamos, una vocación de servicio a un grupo concreto que quizá está más desatendido por los medios tradicionales.
P. ¿Qué consejo le daría a un periodista que está desarrollando un proyecto en estos tiempos tan convulsos?
R. Que no nos tenga miedo a experimentar y que se mantenga muy flexible, porque incluso aunque aciertes con algo en un momento dado, después llegará algo nuevo. Buena parte de lo que pasa tiene más que ver con la tecnología que con el propio periodismo. La tecnología está cambiando muy deprisa. Y creo que la adopción de la inteligencia artificial otra vez va a transformarlo todo en nuestro trabajo. Es necesaria una actitud de flexibilidad ante los cambios y ser capaz de hacer otras cosas, en función de las circunstancias. Necesitamos estar constantemente aprendiendo. Cómo estamos trabajando hoy va a ser muy diferente en poco tiempo.
P. Si pudiera viajar en una máquina del tiempo a cuando estaba terminando la carrera, ¿qué se diría a sí misma en esa etapa crucial?
R. Creo que hubiera estudiado otra carrera y a lo mejor después habría hecho un máster o una doble licenciatura. Me parece que el periodismo es un oficio y que se aprende haciéndolo. Tengo muchos intereses, muy diversos, y quizá habría estudiado Humanidades. Siempre pensé que iba a dedicarme a escribir, a viajar a sitios y a contar historias, aunque luego me fui orientando hacia internet, una especie de “cueva” que me resulta cautivadora, fascinante.